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DianElizz :)

5 de mayo de 2011

WFE: La tiranía circense


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Tratando de alejarse de esa pesada, muy pesada imagen de adolescente vampiro, Robert Pattinson le atina a un papel afortunado, y en una película no menos agraciada: Agua para elefantes, un lacrimógeno drama de final feliz.

Sin mucho recurso artificial, la historia resulta conmovedora, predecible y contagiosa, algo que ya no es tan común en las salas por estos días.

Francis Lawrence, experto en videoclips y películas como Constantine (2005) y Soy leyenda (2007), nos ofrece una película, que cercano a lo lacrimógeno, convence por su elaboración, historia y congruencia.

El otrora vampiro interpreta a Jakob, un pasante de veterinario que de un día a otro pierde a sus padres y su prometedor futuro. Cercano a la historia de Bob Dylan, opta por subirse a un tren y dejar que el viento lo lleve. Sólo que no se fijó que el tren era el de un circo itinerante, el de los Hermanos Benzini.

Y de ahí, le tocará barrer estiércol, enamorarse de la atracción principal, la bella Marlena (la tempestuosa Reese Witherspoon), lidiar con el incandescente dueño del circo (el temperamental Christoph Waltz), y domar a una elefanta.

No habría que ser adivino para adivinar uno de los dos posibles desenlaces, pero Agua para elefantes, con su cadenciosa mesura, bello retrato y solvente musicalidad, es una película disfrutable, bella, casi documental en algunos momentos.

Sin la minuciosidad ni brutalidad de Darren Aronofsky en El Cisne Negro (2011), Francis Lawrence nos inmiscuye en la vida circense, que no es para nada tan grata ni tan sencilla como uno pudiera pensar.

En el circo, como en la vida misma, hay que lidiar con la sangre, sudor, excremento y dolor, explica August, el atormentado, pero muy cercano a un empresario de la vida real, dueño del circo.

“No sé porqué un hombre así tiene el derecho a trabajar con animales”, le dice Camel a Jacob, acerca del punitivo propietario.

Richard LaGravenese, el apasionado experto escritor de guiones cinematográficos, hace del libro de Sara Gruen un vehículo apto para el lucimiento de sus protagonistas en detrimento de la historia. Súmele música bella pero exagerada de James Newton Howard y la bella experiencia de la colorimetría y fotografía del mexicano Rodrigo Prieto, y ahí tiene usted Agua para elefantes, una bella pero caducable historia de amor.

fuente

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